La paz es muy difícil de definir ya que no es simplemente la ausencia de conflictos visibles, ni la ausencia de relaciones. Tampoco la existencia de algunas diferencias de opiniones u objetivos es necesariamente lo contrario. Solo la confianza mutua, aun parcial o acotada a algunos temas comunes acordados, define lo que se obtiene como paz entre dos personas, dos instituciones y/o empresas, o dos países.
Por supuesto que un engaño que algunos califican de traición, sobre todo cuando no se avisa previamente, afectará la confianza futura y producirá consecuencias negativas a mediano y largo plazo, que son mucho más gravosas para las partes que los beneficios de corto plazo que pueda producir al “vivo” que engaña.
Alguien dijo que “vivo, es alguien que gana a corto plazo y se mete en un problema, en el que un inteligente jamás se hubiese metido”, eso es lo que hace quien engaña. Los ejemplos son muchos en todos los ámbitos.
En geopolítica
La promesa de la OTAN a Gorbachov de no avanzar hacia el este (1989) europeo fue un engaño. Luego los acuerdos de Minsk (2014-2015) que los avalistas Hollande y Merkel admitieron fueron un engaño para lograr armar a Ucrania que incumplió lo comprometido. De allí la ausencia de confianza y la guerra actual, más allá de lo que pensemos de Putin que incorporó Crimea (2014) y finalmente invadió el Donbás (2022), que había reconocido como ucranianos en dichos acuerdos.
También el ataque de Israel y EE.UU. a Irán, reveló el engaño de las negociaciones que se estaban llevando a cabo en Ginebra con la mediación de Omán que hubieran llevado a lograr que Irán no produzca una bomba atómica y frene el desarrollo de misiles, que es el primer objetivo declarado del ataque que decapitó su cúpula gobernante y había sido el motivo del primero ocho meses antes.
Sin confianza que permita una solución diplomática, Irán está dispuesto a sobrevivir a la superioridad militar de Israel y EE.UU., destruyendo las bases económicas del sistema global financiero, las cadenas de suministro –de petróleo, gas y sus subproductos como fertilizantes, helio, etc.- y turismo en los países del golfo y gran parte del mundo.
En relaciones de unión
Por el otro extremo en las relaciones con parejas, familias y amigos, la primera mentira revelada rompe la confianza y desde allí en adelante, esa mentira lleva a otra y otra, además de celos y pérdida de un diálogo sincero y honesto.
En todos los casos, la pérdida de confianza no requiere necesariamente engaños y mentiras. También es posible si existen diferencias de objetivos que no son explicitados o comprendidos por ambas partes, inclusive si se ocultan para evitar conflictos que derivan en “una mentira piadosa”.
En relaciones institucionales
En las instituciones y empresas, la confianza mutua se construye con transparencia en la información financiera, económica, social y ambiental que revele comparativamente en sus Estados Contables, Reportes de sostenibilidad / Balance social, etc. Su situación en los aspectos más significativos acordados con los socios o accionistas (Shareholders en inglés) y grupos de interés (Stakeholders) que pueden afectar o ser afectados por las decisiones de la empresa.
También revelando los problemas en lograrlos, no solo los logros, para corregir o mejorar lo hecho que se compromete hacia el futuro. Eso genera más fortaleza y confianza que un ocultamiento, exageración, mentira o engaño, que tarde o temprano será revelado.
Por supuesto que el contexto en el que se toman las decisiones condiciona el alcance de los acuerdos en relación a los grupos de interés y temas abordados en común. Hacerlos en exceso puede poner en riesgo las entidades. Pero ese contexto no es solo un dato, también es algo que construimos colectivamente, desde decisiones individuales e institucionales, que han demostrado ser eficaces aun cuando circunstancialmente un gobierno las ignore o rechace.
Hace unos años cuando surgieron los requerimientos ambientales y sociales, se decía “pinta tu casa y pintarás tu aldea, pinta tu aldea y pintarás el mundo”, en una visión optimista de las tecnologías y redes. Pero éstas derivaron en actitudes aislacionistas e individualistas, que parecen haber roto aquella utopía, que nos prometía protagonismo, construcciones colectivas, confianza mutua y paz.
Durante la pandemia de COVID 19, la evidencia de mejora del medio ambiente por la cuarentena, hizo ilusionar a muchos con que su salida fuera virtuosa. Pero por el contrario el aislamiento hogareño y la explosión de relaciones virtuales, aumentaron los desequilibrios y la incomunicación, mientras disminuyeron la confianza y la paz.
En todo el mundo, a pesar de ello y del control de medios –grandes diarios, TV, Facebook, YouTube, Instagram, Tik-Tok, etc.- de los grandes fondos de inversión y mega millonarios, están surgiendo aquí y allá movimientos populares que enfrentan las consecuencias de la concentración de la riqueza, no obstante lo cual como todo movimiento continúan buscando formas de organización y representantes que canalicen sus intereses, sin lo cual su resultado puede ser solo el caos en el que “los mismos de siempre” sigan aumentando su poder económico y cultural.
Por lo que la única salida virtuosa que nos sigue quedando es aquella en la que pintamos nuestra casa, para pintar nuestro barrio, ciudad, país y el mundo con confianza mutua y construcciones colectivas y transparencia organizacional.
Luego de este diagnóstico y pronóstico a los que somos tan afectos mirando como si estuviéramos fuera de lo que ocurre, corresponde como diría José Ortega y Gasset hace más de un siglo, “argentinos a las cosas”, comenzando por nuestra casa para alcanzar la “casa común” que nos señalara Francisco I.









