La calidad del empleo se convirtió en uno de los principales desafíos del mercado laboral argentino. Así lo plantea un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), que advierte sobre un proceso de deterioro de la estructura ocupacional, donde tener trabajo ya no asegura ingresos suficientes, estabilidad ni acceso a derechos laborales.
El estudio sostiene que el análisis del mercado de trabajo ya no puede limitarse a la cantidad de personas ocupadas. Según los investigadores, el foco debe ponerse también en la calidad del empleo, ya que una parte creciente de los trabajadores se desempeña en condiciones más precarias, con menor protección social y mayores niveles de incertidumbre.
En ese sentido, el documento habla de un «resquebrajamiento de la estructura ocupacional», un fenómeno que refleja la creciente dificultad para acceder a puestos de trabajo estables y con condiciones adecuadas. La investigación señala que el deterioro alcanza tanto a quienes ingresan al mercado laboral como a quienes ya cuentan con una ocupación, pero ven debilitadas sus condiciones de trabajo.
📊 Nuevo documento del @odsauca: aunque la desocupación se mantuvo baja en los últimos 15 años, aumentó el empleo informal, de baja calidad y con ingresos insuficientes. Leé el informe: https://t.co/5wr4IhqiN8 pic.twitter.com/Ackh0RhRxi
— UNIVERSIDAD CATÓLICA ARGENTINA (UCA) (@UCA_Oficial) July 8, 2026
Qué define a un empleo de calidad
El informe explica que la calidad del empleo no depende únicamente de tener una ocupación. Para los especialistas, un trabajo de calidad debe reunir tres condiciones básicas: generar ingresos suficientes para sostener un nivel de vida digno, ofrecer estabilidad laboral y garantizar el acceso a derechos como aportes jubilatorios, cobertura de salud, licencias pagas y protección social.
Cuando una o varias de estas dimensiones se deterioran, aparece la precarización. Por eso, el estudio advierte que el crecimiento del empleo, por sí solo, no alcanza para evaluar la situación del mercado laboral si esos puestos presentan condiciones cada vez más frágiles.
Otro de los aspectos destacados es que la precariedad dejó de ser un fenómeno exclusivo de la economía informal. Según la investigación, también alcanza a trabajadores insertos en actividades formales, que enfrentan ingresos insuficientes, contratos inestables o menores niveles de protección. Esta transformación modifica la forma de interpretar las estadísticas laborales y obliga a observar no solo cuántas personas trabajan, sino también en qué condiciones lo hacen.
Una economía que no genera suficientes puestos de calidad
El estudio atribuye parte de este escenario a la estructura productiva argentina. Señala que los sectores de mayor productividad no logran absorber toda la fuerza laboral disponible, lo que empuja a una parte de la población hacia actividades de baja productividad, autoempleo o estrategias de subsistencia. En este contexto, la calidad del empleo se resiente incluso cuando las tasas de ocupación muestran cierta estabilidad.
Los investigadores remarcan que esta realidad responde a un problema estructural y no exclusivamente coyuntural. La coexistencia de sectores económicos altamente dinámicos con otros de escasa productividad genera un mercado laboral segmentado, con oportunidades muy diferentes según la actividad y el tipo de inserción laboral.
Además, el informe advierte que cuando el mercado formal no logra incorporar trabajadores, muchas personas recurren al trabajo por cuenta propia o a ocupaciones de subsistencia para generar ingresos. Estas estrategias permiten reducir el desempleo abierto, pero no necesariamente garantizan una calidad del empleo adecuada ni mejores perspectivas de desarrollo laboral.
El desempleo y la informalidad se profundizaron en los últimos dos años
Un diagnóstico que coincide con otros estudios
Las conclusiones de la UCA se suman a otros análisis recientes sobre el mercado laboral argentino. En los últimos días, un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advirtió que la informalidad laboral alcanzó el 44,2%, el nivel más alto de los últimos años, mientras que un estudio del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM) señaló que el empleo no registrado se concentra especialmente en sectores como el servicio doméstico, la construcción, el comercio y la gastronomía.
En conjunto, los trabajos muestran una tendencia común: el desafío ya no pasa únicamente por crear puestos de trabajo, sino por recuperar la calidad del empleo mediante ocupaciones con ingresos suficientes, estabilidad y acceso efectivo a derechos laborales.
La informalidad laboral registró su nivel más alto de los últimos años









