El reciente anuncio de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) de sostener a 29 becarios posdoctorales de Conicet, a partir de una inversión de 324 millones de pesos, es una oportunidad para hablar sobre los engranajes que vienen sosteniendo el sistema científico en un contexto de retracción de presupuesto. Es en este marco que el director del Centro Científico Tecnológico (CCT) Conicet-Córdoba, Sergio Dassie, conversó con Hoy Día Córdoba sobre las condiciones en las que se trabaja en ciencia.
Actualmente existen tres problemas fundamentales que afectan el desarrollo, el mantenimiento y la innovación de distintas disciplinas. El investigador y docente explica que estos son: las cuestiones edilicias y de equipamiento, estrechamente relacionadas, y las referidas a los recursos humanos, es decir, «las personas que investigan». Sobre las primeras recae la dificultad del mantenimiento de las instalaciones, pero también de la tecnología para investigar.
«Tuvimos un equipo para estudiar superficies y compuestos químicos de entre 400.000 y 500.000 dólares parado durante dos años porque no podíamos comprar un repuesto roto que valía apenas el 5% del valor del equipo«, ilustra Dassie, y agrega que recientemente pudieron ponerlo en funcionamiento porque desde España les donaron un repuesto. Esta situación truncó investigaciones, pero también la posibilidad de ofrecer servicios a terceros (llamados Servicio Tecnológico de Alto Nivel) con los que generaban ingresos.
En cuanto a las personas dedicadas a la investigación, se abre un panorama de cuestiones burocráticas propias del Conicet, agravadas por las decisiones del Ejecutivo Nacional y el incumplimiento de leyes presupuestarias. En el caso de los becarios, se produjo un desfasaje entre el momento en que termina la beca posdoctoral y el momento en que se conocen los resultados del ingreso a carrera de investigador: quienes se inscribieron en la convocatoria de 2025 recién tendrán respuesta en 2027.
«Queda un tramo entre esas dos fechas en que esas personas siguen sin cobrar, y digo esto porque el dinero para pagar esas becas sale del presupuesto 2026 y 2027. Sin embargo, ese desfasaje no fue contemplado ni por el directorio ni por la presidencia de Conicet a nivel nacional, y a eso se suma el recorte de unos 3.000 millones sobre el presupuesto ya aprobado a principio de año», detalla Dassie.
Desde la Dirección del CCT Conicet Córdoba, al ver que este agosto se terminaban las becas, decidió entablar negociaciones con las contrapartes institucionales donde los becarios desarrollan sus tareas. «Cuando salí a negociar sabía que Conicet no tenía nada que ofrecer a cambio; lo único que puse sobre la mesa fue el talento de las personas que se iban a quedar sin beca«, dice Dassie. En este sentido, lamenta que exista una «fuga de talento» que se agrava por el envejecimiento de las plantas.
La inversión que hace la UNC incluye a los 29 jóvenes investigadores que en el 2025 aplicaron a la convocatoria de ingreso a carrera, y que entre agosto de este año y el próximo se quedan sin el estipendio hasta que estén los resultados. El sostenimiento transitorio ofrecido por la Casa de Trejo consiste en 1,2 millón de pesos mensuales. Dassie aclara que no hubo ningún tipo de sesgo en la disciplina ni en el proyecto de investigación. «El sistema científico abarca todas las áreas de investigación, y aunque parte de la sociedad, influida por ideas de esta época, se anime a decir qué sirve y qué no, la ciencia sirve en su conjunto: hay investigaciones que se traducen rápido en un producto y otras que llevan años antes de generar un cambio trascendental«, señala.
Además, este tipo de inversiones tiene un retorno que fortalece la educación y el desarrollo del país. Dassie agrega: «Se habla mucho de negocios e inversiones, pero cuando el Estado invierte en educación y en ciencia genera políticas de Estado que derraman en toda la sociedad«. «Ese becario después devuelve ese conocimiento a la sociedad, no necesariamente como un producto comercial, sino también como docente que forma a futuros médicos, ingenieros o abogados desde lo más alto del conocimiento», apunta, al mismo tiempo que advierte que cuando se afecta alguno de estos elementos del engranaje científico, se lo perjudica en su totalidad.
Dassie ejemplifica este vaivén al recordar que en los 90 los mandaron a lavar los platos, que durante la pandemia los consideraban «héroes» y que ahora son «lo peor que existe». Para el investigador, una de las grandes dificultades actuales es que no existe un plan público sobre hacia dónde se quiere llevar el sistema científico, algo que repercute en los salarios y en el mantenimiento. A pesar de eso, la comunidad científica coincide en el valor que puede aportar al desarrollo: «Vamos a seguir investigando, haciendo docencia y a seguir juntándonos con las contrapartes para encontrar una solución, porque estamos convencidos de que un país necesita ciencia, educación y tecnología, y nosotros podemos hacerlo«, concluye Dassie.
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