El Gobierno de Francia confirmó el despliegue del portaaviones nuclear Charles de Gaulle hacia el sur del Canal de Suez y el Mar Rojo, en el marco de una iniciativa multinacional liderada junto al Reino Unido para garantizar la seguridad en el estratégico Estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio energético global.
El movimiento del buque —acompañado por su grupo de escolta— forma parte de un preposicionamiento militar clave para acelerar la puesta en marcha de una futura misión internacional, que solo será activada una vez que finalicen las hostilidades entre Estados Unidos, Israel e Irán. Según fuentes oficiales, la operación reunirá a más de 40 países —e incluso más de 50 según otras estimaciones—, aunque ninguna nación intervendrá directamente mientras continúe el conflicto.
“Ir al sur de Suez es algo nuevo para nosotros”, explicó el coronel Guillaume Vernet, vocero del Estado Mayor francés, quien subrayó que este reposicionamiento acerca al portaaviones al Estrecho de Ormuz y permite reducir los tiempos de respuesta cuando se den las condiciones. El área concentra habitualmente cerca de una quinta parte del petróleo mundial, pero permanece prácticamente paralizada desde comienzos de marzo por la escalada bélica.
El plan franco-británico apunta a una misión de carácter defensivo, centrada en escoltar buques mercantes y garantizar la libertad de navegación, y será “diferente de las operaciones militares ya iniciadas en la región”, como la impulsada por Estados Unidos. En este contexto, Alemania anunció el envío de un buque dragaminas al Mediterráneo para posicionarse ante una eventual activación del operativo.
Las condiciones para su puesta en marcha son claras: debe disminuir la amenaza sobre la navegación y el sector marítimo debe recuperar la confianza para volver a operar en la zona. Actualmente, el estrecho permanece bloqueado de facto, con primas de seguro que se multiplicaron entre cuatro y cinco veces y cerca de 2.000 barcos varados en el Golfo Pérsico, según estimaciones del sector.
En paralelo, el presidente francés Emmanuel Macron mantuvo un contacto telefónico con su par iraní, Masoud Pezeshkian, en el que reclamó “levantar el bloqueo del Estrecho de Ormuz sin demora y sin condiciones”. El mandatario insistió en la necesidad de restablecer “de forma permanente la plena libertad de navegación” y remarcó que la futura coalición será “independiente de las partes en conflicto”.
Macron también instó a Irán a “aprovechar la oportunidad” para desescalar la crisis y adelantó que abordará el tema con el presidente estadounidense, Donald Trump, en momentos en que Washington busca un acuerdo para reabrir el paso marítimo.
Aunque aún no se definieron detalles operativos ni el liderazgo formal de la misión, desde París aseguraron que la planificación militar ya está finalizada y lista para implementarse cuando el escenario lo permita. El despliegue del Charles de Gaulle —que incluye fragatas, buques anfibios y cazas Rafale— forma parte de una movilización francesa “sin precedentes” en la región.
El objetivo final, remarcan las autoridades, es restablecer la seguridad y la libre circulación en el Estrecho de Ormuz, una arteria clave para el comercio mundial de energía, cuya reapertura dependerá del cese de las hostilidades y de un acuerdo político que reduzca la tensión en Medio Oriente.









