En medio de una creciente tensión internacional, los Gobiernos de Brasil, España y México expresaron su “enorme preocupación” por la crisis humanitaria en Cuba y advirtieron sobre la necesidad de respetar la integridad territorial de la isla, en un contexto marcado por temores de una eventual intervención militar de Estados Unidos.
El pronunciamiento conjunto se dio este sábado en Barcelona, en el marco de la IV Reunión en Defensa de la Democracia, un encuentro que reunió a líderes progresistas y que también funcionó como escenario para reafirmar una agenda común basada en el multilateralismo, los derechos humanos y la paz.
“Nos comprometemos a incrementar de manera coordinada nuestra respuesta humanitaria”, señalaron en el comunicado, en el que además reclamaron evitar medidas que agraven la situación del pueblo cubano o vulneren el Derecho Internacional. En esa línea, llamaron a un “diálogo sincero y respetuoso” que permita una salida duradera y garantice que “sea el propio pueblo cubano quien decida su futuro en plena libertad”.
Las declaraciones se producen en un escenario de creciente incertidumbre. El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró que el país no “aspira a la guerra”, aunque advirtió que “tiene la responsabilidad de defenderse” ante una eventual acción militar. En paralelo, medios estadounidenses señalaron que el Pentágono evalúa planes de intervención, aunque sin confirmación oficial.
En este contexto, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó duras críticas contra su par estadounidense, Donald Trump, a quien acusó de “amenazar al mundo” con decisiones unilaterales. “No podemos vivir pendientes de un tuit que haga la guerra”, sostuvo.
El mandatario brasileño advirtió que los conflictos impulsados por potencias globales impactan directamente en las economías más vulnerables. “¿Es el pobre el que va a pagar por la irresponsabilidad de guerras que nadie quiere?”, cuestionó, al tiempo que reclamó redirigir el gasto militar hacia la lucha contra el hambre.
Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, también rechazó una posible intervención militar en Cuba y reforzó el llamado a la paz. Durante su intervención, propuso avanzar en una declaración internacional que garantice la estabilidad en la isla y reiteró la histórica postura mexicana en defensa de la soberanía. Además, impulsó una iniciativa para reducir el gasto armamentista global en un 10% y destinar esos recursos a políticas ambientales, bajo la premisa de “sembrar vida en lugar de guerra”.
El encuentro en Barcelona también consolidó al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, como una de las principales figuras del progresismo internacional. Durante la cumbre, líderes como Lula da Silva destacaron su rol: “Sánchez ha hecho algo extraordinario”, afirmó el mandatario brasileño, al subrayar su capacidad para fortalecer un espacio político en un contexto global adverso.
La cumbre reunió a dirigentes de distintos países, entre ellos Gustavo Petro (Colombia), Yamandú Orsi (Uruguay) y Cyril Ramaphosa (Sudáfrica), en un escenario marcado por la reconfiguración política internacional y las tensiones con Estados Unidos. En ese marco, se debatieron temas como la crisis en Cuba, el rol de los organismos multilaterales y el impacto de los conflictos globales.
Uno de los ejes centrales fue también la crítica al funcionamiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Lula advirtió que el organismo “no puede permanecer en silencio” frente a los conflictos actuales y cuestionó las decisiones unilaterales de las grandes potencias.
En su intervención, Sánchez planteó un discurso centrado en la disputa ideológica global y sostuvo que “el tiempo de la internacional ultraderechista ha llegado a su fin”, al tiempo que llamó a “recuperar el orgullo de ser de izquierdas”. Además, alertó sobre el impacto de la desinformación y la tecnología en las democracias: “Sin reglas, puede dividir a nuestras sociedades”, afirmó.
El mandatario español también reforzó junto a Lula la necesidad de “redoblar esfuerzos por la paz y un multilateralismo renovado”, en un contexto global atravesado por conflictos y tensiones geopolíticas.
El Estrecho de Ormuz —clave para el comercio energético global— y la situación en Cuba terminaron de configurar un escenario internacional de alta sensibilidad, donde la posibilidad de una escalada militar convive con intentos diplomáticos aún frágiles.
En este marco, la cumbre de Barcelona buscó reposicionar al progresismo como una alternativa política global, con un mensaje común: evitar nuevas guerras, fortalecer la cooperación internacional y contener una crisis que amenaza con extenderse más allá del Caribe.









