Problemón no resuelto
Las Unidades Judiciales son las dependencias y extensiones del Ministerio Público Fiscal en las diferentes zonas de nuestra ciudad, y también en el interior provincial. Son como los “botones terminales” en los que se reciben denuncias de distintos delitos, entre otros trámites. Están vinculadas a las fiscalías de los distritos en los que geográficamente se divide nuestra capital, y se las conoce como las “UJ”, 24 en total más 9 especiales (accidentología vial, sustracción de automotores, robos y hurtos, homicidios, lucha contra el narcotráfico, violencia de género y la unidades contravencionales). Estas Unidades están a cargo de al menos dos Ayudantes Fiscales, que funcionalmente son muy importantes, sobre todo durante las noches, los fines de semana y los feriados. Ahora bien, supuestamente los diferentes fiscales generales han intentado optimizarlas y dotarlas de recursos informáticos y humanos para mejorar el servicio a la gente. Sin embargo, los logros fueron escasos y la situación actual ha llevado al máximo responsable del Ministerio Público Carlos Lezcano, a anunciar que “reforzarán” la atención en las (UJ) con becarios, aspirantes a ingresar a la carrera judicial y que figuran en una lista de mérito. Casualmente, uno de los problemas actuales, son las renuncias de gran cantidad de ingresantes quienes por los bajos sueldos, y por los riesgos y los horarios de las Unidades Judiciales, prefieren renunciar y probar suerte en el ámbito particular. Personalmente en Tribunales, muchas veces escuché decir que “los mejores empleados tienen que estar en el territorio”.
Pero además del malestar general por la cuestión salarial, y de la falta de presupuesto, se suman las últimas destituciones de fiscales y el temor a cometer errores en una trinchera “muy caliente”, en la que hoy por hoy, los trabajadores tienen más para perder que para ganar. Más allá del pesimismo, sería importante que la incorporación de becarios que se sumarán a la ardua tarea, resulte ser una solución y no otro parche más a la contingencia. Por supuesto, en el terreno de lo ideal, los empleados judiciales y policías que trabajan en las UJ debieran estar convenientemente preparados y bien remunerados, lejos de sentir que son“el último orejón del tarro”. En fin, desde hace muchos años ya, lo de las Unidades Judiciales está lejos de estar bien,y con múltiples causas que jaquean el buen funcionamiento. Por ahora, siguen sie
Fue Cholo
El juez Pablo Brandan Molina de la Cámara Sexta del Crimen condenó el pasado viernes a Lorenzo Javier Cabrera, alias “Cholo”, por el crimen de Miguel “Miguelín” Beltrame de 48 años, ocurrido el 15 de mayo del año pasado en barrio Patricios. La pena fue de 17 años de prisión por homicidio agravado por el uso de arma de fuego. El hecho sucedió durante la madrugada, y cuando la policía llegó tras el llamado de una vecina, Beltrame agonizaba luego de recibir un impacto de bala en el abdomen, que había sido disparado a quemarropa por el joven condenado, de sólo 29 años de edad. “Miguelín” Beltrame era un hombre apreciado por los vecinos que había trabajado mucho en el barrio como albañil. Sin embargo su vida no era fácil, menos con sus adicciones y su indigencia. De hecho dormía en una vieja camioneta que estaba tirada en un callejón de la zona. En ese contexto, fue cooptado por Cabrera, quien tenía antecedentes por robos y violencia callejera. De hecho, el asesino lo llevó a dormir a una casa con él. Pero luego algo pasó que al victimario no le gustó y decidió matarlo, sorprendiéndolo armado a bordo de una moto y sin darle tiempo a ninguna reacción. Encima cuando a las pocas horas fue detenido, tenía puesta una campera roja que se podía ver en un video del episodio registrado por una cámara de seguridad. Sin embargo, la prueba más elocuente de la autoría del crimen fueron los balbuceos de Miguelín, antes de ser llevado al Hospital de Urgencias donde finalmente falleció. Al ser consultado por los policías, Beltrame alcanzó a decir: “Fue Cholo…la plaza…la plaza…fue Cholo”.
ndo un problemón no resuelto.









