Todos los caminos conducen al sufrimiento. Y por ahora, a la felicidad. Contra todo pronóstico, Argentina remontó un partido épico y eliminó a Egipto 3-2 en los octavos de final del Mundial. A puro corazón –y con el corazón en la mano– la Selección se repuso de la adversidad que plantearon los Faraones por los tantos de Yasser Ibrahim y Mostafa Zico, sumado al penal fallado por Messi, y lo ganó con goles de Cristian Romero, del propio “Leo” y de Enzo Fernández. En la próxima instancia deberá enfrentar a Colombia o Suiza, que juegan a las 17.
Porque el partido comenzó de la peor forma posible. Antes de llegar al cuarto de hora, Yasser Ibrahim se anticipó en el primer palo entre Lisandro Martínez y el “Cuti” Romero, conectando un cabezazo letal que dejó sin chances a Emiliano Martínez. El gol sembró un manto de dudas que se profundizó minutos más tarde con el penal fallado por Messi, el cuarto que erra en un Mundial. Sin embargo, la perseverancia y el carácter del equipo fueron la bandera para rescatar la ilusión y empujar al equipo. Desde ahí tuvo tres ocasiones claras para igualar, pero Mostafa Shobeir Oufa fue gigante. Un faraón total en el arco egipcio.
Otro golpe en contra y la reacción desde el banco
Ya en la segunda mitad, mientras la Albiceleste buscaba por adentro y acumulaba méritos para igualar el marcador, una ráfaga aislada parecía sentenciar la historia. A los 59 minutos, un llamado del VAR anuló lo que era el segundo tanto africano por una falta sobre Lisandro Martínez. El susto no terminó ahí y los egipcios no perdonaron en la jugada siguiente: un contragolpe letal comandado por Mohamed Salah derivó en una asistencia de Haissem Hassan para que Mostafa Zico definiera con un toque de primera.
Fue un baldazo de agua fría para un equipo que se vio con un pie y medio afuera de la Copa. Lionel Scaloni movió el banco de suplentes con los ingresos de Lautaro Martínez y Nicolás González por Rodrigo De Paul y Nicolás Tagliafico para sumar peso ofensivo. La reacción no tardó en llegar: a los 79, Cristian Romero conectó de cabeza un centro perfecto de Lionel Messi, forzó la floja respuesta de Shoubir y achicó distancias, encendiendo la mecha de la esperanza para un tramo final verdaderamente vibrante.
Muestra de carácter en una ráfaga letal
El envión anímico acorraló definitivamente a los africanos, que no pudieron sostener su cerco defensivo ante la arremetida argentina. Cuando faltaban apenas siete minutos para el cierre, y luego de una gran jugada colectiva con asistencia de Gonzalo Montiel, el mejor jugador del mundo capturó la pelota en la zona de fuego y sacó un remate furioso que infló la red, estampando un empate transitorio con sabor a hazaña.
La locura total se desató en el segundo minuto de adición. Tras una recuperación alta en territorio egipcio, el delantero del Inter, Lautaro Martínez, desbordó por la banda y envió un centro preciso para la irrupción fulminante de Enzo Fernández. El volante central atacó el espacio por el medio y metió un frentazo inatajable que desató el delirio colectivo, concretando la heroica victoria por 3-2 y asegurando la continuidad del sueño mundialista.
La selección volvió a sufrir y otra vez a ganar. Lo que le falta de funcionamiento, le sobra de corazón. Y cuenta con el mejor de todos. Seguramente tendrá mucho para mejorar de cara al sábado. Por ahora, en Atlanta, dio otro pasito más.









