El próximo domingo 17 de mayo, a las 21:00 hs, el escenario de Chilli Street Club (Fructuoso Rivera 273) será testigo de una propuesta que desafía las fronteras de los géneros musicales. The Jazz Fusion Sessions, la agrupación cordobesa que transita su onceavo año de vida, presentará un show dedicado íntegramente al universo de Milo J, fusionando la fuerza del artista urbano con el estilo propio de la banda.
El grupo está integrado por Agustín Palacios (bajo), Damián Barrera (batería), Julián Gómez Cuello (teclados y coros), Ramiro Álvarez Sánchez (guitarra y voz) y Clara Agüero (voz), formación que sostiene el presente del proyecto y sus constantes exploraciones sonoras.
En diálogo con Hoy Día Córdoba, Gómez Cuello, uno de los miembros fundadores del grupo, repasó la historia de la banda que nació de un acontecimiento “desafortunado”. En febrero de 2015, el desborde del Dique La Quebrada provocó una fuerte inundación que afectó a Villa Allende y localidades cercanas, con importantes daños materiales. En ese contexto de urgencia, la música apareció como una forma de reparación posible.
Un grupo de amigos y músicos decidió organizar una jam solidaria para reunir alimentos no perecederos y colaborar con los damnificados, especialmente con un baterista que había perdido su casa, su auto y varios instrumentos musicales. Lo que comenzó como un encuentro musical espontáneo terminó reuniendo a distintos músicos de la escena local. Aquel cruce entre Tomás Luján, Agustín Palacios, Franco Vittore y Gómez Cuello dio origen a un ciclo que luego se formalizó en marzo de 2015 bajo el nombre The Jazz Fusion Sessions, en el “Club del Fernet”, marcando el inicio del proyecto musical.

Desde entonces, la banda fue mutando sin una forma fija, pero sosteniendo una identidad en permanente búsqueda. Si bien en sus inicios estuvo más vinculada a la fusión clásica, interpretando a referentes como Mike Stern y abordando arreglos de estándares, con el tiempo la decisión de dedicar cada show a un único artista abrió una nueva lógica de trabajo.
Radiohead, Coldplay, Rosalía, Miranda!, Babasónicos, Bad Bunny y Britney Spears fueron algunos de los universos reversionados. Cada uno funcionó como un territorio distinto, pero todos bajo la misma premisa de desarmar la canción para volver a armarla desde otro lugar. Esa búsqueda, según Gómez Cuello, terminó consolidando una identidad que ya no depende del género sino del riesgo.
“A veces tocamos rock internacional, a veces reggaetón, a veces agarramos bases armónicas de jazz moderno y las hacemos dialogar con la música pop que estamos versionando”, explicó el músico, como si describiera un laboratorio más que un escenario. En ese movimiento constante, gran parte del público también cambió su manera de escuchar, dejó de ir por el artista homenajeado para seguir la transformación misma de la banda.
En ese camino apareció el desafío de reinterpretar las canciones de Milo J, una propuesta que llevó a la banda a sus límites creativos. En su obra, el grupo identifica un cruce singular entre lo urbano y lo folclórico, que abre un territorio complejo de intervención y relectura. Gómez Cuello explicó que el objetivo no es solo tocar las canciones, sino transformarlas: “Nuestra idea con estos shows es ampliar la mirada acerca de lo que creemos que es la música de tal artista, cómo puede tomar otra vestidura, otra emoción”.
El trabajo sobre las versiones no solo implicó intervenir lo musical, sino también decidir hasta dónde modificar las letras originales. El pianista explicó que la banda realiza una “lectura muy conflictiva” sobre ciertos fragmentos y temáticas presentes en las canciones, evaluando qué elementos conservar y cuáles transformar.
En ese sentido, sostuvo que algunas partes “captan muy bien la esencia del artista” y que alterar demasiado el contenido también podría afectar la identidad de las obras. “Tomarse demasiadas licencias con respecto al texto es a veces cortarle demasiado las alas artísticas a la música”, reflexionó.
De hecho, Gómez Cuello considera que, por la complejidad de las producciones originales, este será el show más desafiante que la banda haya enfrentado hasta ahora, casi como un territorio desconocido dentro de su propio recorrido creativo. Para el músico, no existen límites estilísticos dentro del proyecto: “No hay una barrera genérica para nuestra banda. Podemos hacer lo que queramos siempre que lo hagamos con el mayor de los respetos”. En esa misma línea, explicó que la selección del repertorio volvió a apoyarse en la intuición y la emoción como brújula: “Así que en la selección de temas de este último este último show creo que ha primado esta posibilidad de ir hacia lo que nos mueve la fibra”.
El evento propone una experiencia de cultura compartida, pensada para quienes buscan una escucha atenta y profunda, pero también para quienes simplemente quieren pasar un domingo distinto. En ese sentido, Julián define el “encuentro generacional” como una de las marcas que deja en escena la obra de Milo J, capaz de reunir públicos de distintas edades alrededor de una misma música.
Las entradas están disponibles a través de Passline.
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