Días atrás Antonela Rocuzzo compartió en sus redes sociales un carrousel de imágenes, tal como lo hace frecuentemente de acuerdo a sus múltiples roles de: modelo, empresaria, embajadora de diferentes marcas globales, pareja, amiga y madre.
Lo que llamó la atención esta vez en particular, fue que entre esa colección de fotografías publicadas en su cuenta de Instagram apareció una instantánea de la Biblia, abierta en uno de los libros del Nuevo Testamento, el Evangelio según San Mateo, en su capítulo 25 y justo en las páginas en las que se puede leer la «Parábola de los tres siervos» que en traducciones previas fue titulada como la «Parábola de los Talentos». Esto se debe a que en aquellas versiones no se hablaba de “bolsas de plata” sino de “talentos”. Originalmente el talento era una unidad de peso (aprox. 34-58 kg) utilizada para fragmentar metales preciosos en el Antiguo Testamento, y una inmensa suma de dinero en el Nuevo Testamento, equivalente a 6000 denarios o unos 20 años de trabajo.

Según cuentan los estudiosos de los Evangelios, Jesús utilizaba las parábolas como quien escribe fábulas para dejar una moraleja a los niños que las leen o escuchan. Él hacía exactamente eso mismo para que la enseñanza estuviera al alcance de su audiencia conformada por gente del pueblo. Le acercaba así el mensaje de la voluntad de Dios a quienes les habría resultado difícil de acceder con una enunciación más compleja y elaborada.
En el caso de la Parábola de los Talentos ese mensaje subyacente radica en la responsabilidad que tienen los creyentes sobre aquello que les ha sido dado por el Señor en el que creen.
Para un creyente, enterrar los talentos que recibió, no aprovecharlos para hacer con ellos algo útil para su Dios y su comunidad, no es más que un acto de cobardía. Les dice, tuviste oportunidades, lo que hagas con ellas es tu responsabilidad.
La parábola admite a la vez que esas oportunidades no son equitativas ni equivalentes y que algunas personas han tenido escasas o nulas chances de modificar su realidad.
Quienes sabemos que crecimos en una sociedad patriarcal casi naturalizamos las críticas de las que son blanco las mujeres, fundamentalmente las que alcanzan algún nivel de exposición pública, mucho más en esta época en la cual las redes sociales y hasta los grupos de WhatsApp funcionan como un megáfono al alcance de quien quiera expresarse.
En el caso de aquellas que son parejas de hombres exitosos suelen recibir un trato despectivo en esos foros, cualquiera sea el modo de vida que escojan. Si no se le conoce una actividad propia, serán vistas como mantenidas. Por el contrario, si eligen desarrollar su propia vocación, serán miradas con soslayo por haber contado con la ventaja que les brinda la plataforma económica de sus respectivas parejas, y mucho más si logran visibilidad pública en ese camino de realización personal.
Las mujeres que forman pareja con deportistas reconocidos constituyen el arquetipo al que apuntan esas críticas livianas, lejanas, y de escaso o nulo sustento. Y ellas, las mujeres, lo saben.
¿Habrá decidido Antonela responder a esos murmullos públicos o privados con una parábola? ¿Les estará comunicando que no piensa enterrar sus talentos digan lo que digan y sea como sea que la miren?
Si así fuera, qué poética manera de decírselo.










qué buena pregunta!!!!