Muchos países han crecido sin desarrollarse y sus proyectos han fracasado. El caso más conocido ha sido Holanda –hoy denominada Países Bajos- cuya historia desarrollamos en la nota «¿Habremos contraído la «enfermedad holandesa»?». Otros se han desarrollado y crecido –Noruega, Corea del Sur, China, etc.-. También está Argentina que no ha crecido ni se ha desarrollado. Observar los comportamientos de unos y otros nos puede dar una referencia sobre cómo se hace para crecer y desarrollarse.
El caso holandés, es el que más se asimila a lo que hoy parece vivir nuestro país si como se anuncia, tendrá un aumento de ingresos por la exportación de Vaca Muerta que aprecia su moneda, con un impacto negativo en otros sectores –especialmente industriales-, reasignando recursos que producen problemas estructurales.
De esa experiencia holandesa, Noruega aprendió que debía restringir la disponibilidad de divisas, por lo cual no sobre apreció su moneda, generando el fondo soberano más grande del mundo, valorado en más de 1.5 billones de dólares. Gestionado por Norges Bank Investment Management, invierte el excedente de ingresos petroleros en acciones, renta fija, inmuebles y energías renovables fuera de Noruega, asegurando la sostenibilidad económica a largo plazo y la riqueza para generaciones futuras.
En nuestro país, con una fuerte deuda externa en crecimiento, fuerte pobreza y un desarrollo industrial regresivo con pérdida de empleo que Noruega no tiene, la reinversión en mercados externos no parece ser lo más apropiado.
Tampoco volcar todo al mercado interno generando un aumento desmesurado de la demanda sin la capitalización requerida para aumentar la oferta, lo que aumentaría los precios.
Así, la escasa capitalización –personal, empresaria y pública- de nuestros últimos gobiernos que ha alcanzado un estado extremo en el actual gobierno que se endeuda, endeuda a las empresas e individuos es nuestro principal problema.
En la nota «Dime como te relacionas con las rentas y te diré como te va”, menciono que “Toda renta –inmobiliaria, financiera o monopólica- que no se capitaliza en activos fijos, se fuga o se consume, es improductiva. Sin compromiso alguno con la generación de riqueza y mucho menos con su distribución, solo se legitima cuando es reinvertida en bienes de capital (e infraestructura), ya que producen más riqueza y aumentan la oferta de bienes y servicios”.
Esto es importante ya que esa sería una fuente de ingresos del Estado que podría ser en parte asignada a ayudas sociales mínimas, pero también una fuente de recursos que aumente el stock de reservas y aumente la inversión en sectores que rompa el círculo vicioso de baja del tipo de cambio, recesión, falta de empleo de calidad y por supuesto falta de desarrollo.
Por el contrario, la disminución de gravámenes a las explotaciones inmobiliarias –urbanas y rurales-, las inversiones financieras, el sostenimiento de subsidios a empresas monopólicas –por ejemplo Mercado Libre- o la reducción de impuestos directos a la riqueza y la exención en actividades que de por sí ya tenían altas rentabilidades –petróleo, gas y minería- mientras se sostienen los impuestos indirectos –IVA, impuestos internos, etc.- que no inducen a inversiones productivas, han sido la causa principal de la grieta de ingresos y riqueza que hoy sufrimos.
Es posible, que no todas las inversiones productivas sean potencialmente eficientes en el aumento de la productividad, por lo que será necesario establecer cuales son aquellas que lo hagan en mayor medida y con mayor potencial de desarrollo.
Un ejemplo de esa ineficiencia es por ejemplo la “inversión” en camionetas que por ser consideradas “bienes de capital” reciben beneficios arancelarios cuando son importadas, la amortización anticipada de IVA o del combustible que consumen si se trata de responsables inscriptos que lo toman como crédito fiscal en IVA, ha producido que Argentina tenga el triple de camionetas por habitante rural que el resto de los países, mientras que las SUV –un símil urbano de las 4X4- valen entre un 20 y 40% más que las camionetas, muchas de las cuales obviamente no se utilizan en actividades de producción.
En definitiva, es evidente que es necesario un cierto equilibrio fiscal, no necesariamente déficit cero pero asimilable a los déficit de casi todos los países con inflaciones controladas que impulse la inversión en bienes de capital –inmobiliario, infraestructura, nuevas tecnologías en sectores seleccionados, etc.- y de capital social –fundamentalmente investigación, desarrollo tecnológico, educación y organización social-.
Allí las formas de organización, o sea el cómo se hace, es clave si se busca ser eficientes y eficaces en la generación de riqueza y su distribución.
Experiencias como las del Programa de Integración Socio Urbana (Pisu), financiado mayormente por el Fondo de Integración Socio Urbana (Fisu), que buscaba mejorar las condiciones de vida en barrios populares registrados en el Renabap e incluía obras de infraestructura (agua, luz, cloacas), mejoramiento de viviendas y regularización dominial, hasta que el actual gobierno los eliminó, es una experiencia especialmente calificada por organismos nacionales e internacionales.
También las experiencias mutuales y cooperativas de usuarios que proveen servicios públicos, de consumo y provisión, etc. o los clústeres sectoriales que organizan los contextos competitivos y de cooperación, son formas que bajo la condición de transparencia y control social han mostrado reiteradamente en nuestro país y otros países que se han desarrollado, su eficiencia y eficacia en el uso de los recursos.









