Esta noche comienza la extensa celebración por los 30 años de ese “lindo sótano de pintado psicodélico”, como lo definió días atrás Rubén Leroux. Una expresión que no sólo describe un espacio físico, sino una forma de habitar la música. Ese sótano —Pétalos de Sol— deja de ser refugio para expandirse: la cita será desde las 22 en la Plaza de la Música, donde una grilla de diez bandas pondrá en marcha un ritual colectivo que celebra tres décadas de historia. No se trata únicamente de un aniversario, sino de la activación de una memoria compartida que, lejos de quedar anclada en el pasado, se proyecta como una eterna crónica de la presente noche cordobesa.
En ese entramado, la conversación se posa sobre Micky Rodríguez, quien será parte del festejo junto a su banda La Que Faltaba. Un proyecto que, más que continuidad, funciona como reinterpretación: una forma de volver sobre la propia historia sin quedar atrapado en ella. La formación incluye a Nahuel “Pollo” Lozano, Nahuel Gordillo —de Villa Bustos—, Roti Cavaletti en batería —hijo del histórico baterista de La Mancha Rolando— y Kevin Gulset en armónica. Pero más allá de los nombres, lo que aparece es una dinámica: un grupo que no gira en torno a una figura central, sino que se construye desde el intercambio.
Sobre ese grupo, Micky se ubica desde un lugar particular: “Soy como una especie de tío piola… estoy lejos de ser un maestro”, dice, desarmando cualquier lógica jerárquica para volver a lo esencial: “lo que más me gusta es acompañar y que me acompañen”. En esa definición se desarrolla una concepción del liderazgo que se corre de la verticalidad para instalarse en el vínculo. En donde la experiencia se comparte.
La música como continuidad y experiencia
Lo que se escuchará esta noche en la Plaza de la Música surge del recorrido de Micky Rodríguez. El repertorio está armado con la historia de Los Piojos como columna vertebral: “Ya tengo la lista… básicamente está ligado a mi historia con Los Piojos”, dice, recordando que su carrera está inseparablemente ligada a esas canciones que marcaron a varias generaciones.
A pesar de la carga histórica, Micky deja claro que el propósito no es la reproducción exacta: “no pretendo ni en pedo copiar lo que Los Piojos sonaban… pero sí quiero que las canciones hablen y que las canciones interpretadas también estén a la altura de lo que fueron”. La expectativa de la velada, entonces, no es revivir el pasado de manera literal, sino permitir que cada canción conserve su espíritu mientras se renueva con la energía de su banda actual. La música funciona así como un archivo vivo, que se reactualiza en cada interpretación respetando la memoria de su trayectoria.
En este marco, la banda aporta su identidad propia: la reinterpretación se convierte en celebración, no en imitación. “Lo más importante es poder interpretar la esencia de la canción”, insiste Micky, subrayando que el límite no es técnico sino emocional y conceptual. La referencia a Daniel “Tabo” Fernández recuerda que algunas marcas del pasado son irrepetibles, y que el verdadero desafío está en mantener la fuerza y la emoción de la obra.
Así, esta noche promete ser una experiencia donde la trayectoria del artista se manifiesta plenamente: cada canción resume su historia, la memoria colectiva que acompaña a Los Piojos y la nueva vida que la banda le imprime.
El significado de Pétalos
La historia de Pétalos de Sol entrecruza profundamente la trayectoria de Micky. Antes con Los Piojos, hoy con La Que Faltaba, pero siempre manteniendo un vínculo con un repertorio que conserva su identidad.
“Me siento parte porque hace, no sé, más de 30 años que conozco Pétalos… cuando veníamos a tocar con Los Piojos a Córdoba, el post show generalmente era ahí, así que tengo un recuerdo de Pétalos de hace muchos años”, dice Micky. “Tengo mucho cariño y, por supuesto, muchas ganas de disfrutar este cumpleaños”, agrega.
De manera que Pétalos se convirtió en algo mucho más que un escenario: fue un espacio donde la música trascendía el espectáculo para transformarse en experiencia compartida, un laboratorio de experimentación y desborde, donde se tejían vínculos que iban más allá de las canciones. Cada ensayo, cada show, cada post-show formaba parte de un ritual que consolidaba y consolida comunidad.

El anclaje en Córdoba
En la conversación, la decisión de radicarse en San Marcos Sierras apareció de manera natural, como una elección que definió su vida y su música: un espacio donde el ritmo del tiempo y la intensidad de la creatividad se sienten de manera distinta a la ciudad. Micky recuerda sus primeras visitas a comienzos de los 90: “Conocí más o menos en el año 90, 91, y a partir de ese momento me fui enamorando… empecé a venir varias veces al año, en invierno y en primavera, poco a poco, hasta que decidí quedarme. Ahora vivo acá hace 20 años”.
La vida en las sierras ofrece un contrapunto consciente entre el ruido urbano y la serenidad del monte. Ese “descanso mental” no solo organiza su rutina, sino que también condiciona su manera de vivir y pensar la música: allí, los procesos se ralentizan, se vuelven más claros, y la creatividad respira con otro ritmo. Cada ensayo, cada composición y cada reflexión sobre su obra encuentra un espacio para asentarse y resonar.
Aun así, su vínculo con Córdoba capital permanece fuerte. La ciudad se convierte en escenario de vínculos familiares y musicales: “Mi hija vive ahí, así que voy bastante a visitarla… me crié en el ruido y de vez en cuando voy a vibrar un poco con eso que me gusta de la ciudad, sus luces, su oferta cultural… voy mucho más relajado que antes”. Esas visitas incluyen recitales, encuentros con amigos músicos y momentos de disfrute de la escena local, como al planear asistir al show de Camioneros, banda con la que comparte historia y afinidad.
Dentro de este recorrido, la admiración por figuras de la música cordobesa se vuelve palpable. Micky recuerda su encuentro con Carlos “La Mona” Jiménez: “Me encantó la comunión que tiene con la gente… se puede vislumbrar como una especie de faro. Más allá del estilo, lo que me marcó fue cómo logra hacer partícipe al público, cómo la música puede convertirse en un proyecto colectivo”. La profesionalidad y la capacidad escénica de La Mona —los cambios de vestuario, el manejo del escenario y la intensidad del ritual— lo sorprendieron y lo inspiraron.
En la conversación da cuenta que no habla del género. Habla del vínculo. De la capacidad de generar una experiencia donde el público deja de ser espectador para convertirse en parte activa del acontecimiento. “estaba viviendo un ritual… fue impresionante”.
Ahí aparece una lectura más profunda: la música como acontecimiento colectivo. Como un espacio donde lo individual se diluye momentáneamente en una experiencia común. Esa dimensión ritual —que atraviesa tanto al cuarteto como al rock— se vuelve central para entender su forma de concebir el escenario.
Sobre la IA
Un tema que surge con frecuencia en las entrevistas es la relación entre la Inteligencia Artificial y la música, especialmente en su rol desde la producción. Frente a esto, Micky reconoce su posición con honestidad:
“Me siento básicamente un ignorante, porque no he experimentado ni estudiado el tema. Lo poco que supe, lo que me contaron y lo que leí me generó un vértigo profundo, una sensación de soledad absoluta. Pensar que todo lo que haga —no solo música, sino decisiones en general— pueda quedar mediado por un programa me inquieta”, explica.
Aun así, reconoce la velocidad con que la tecnología avanza: “Entiendo que el mundo está utilizando estas herramientas de manera muy intensa. Ojalá se sigan aplicando criterios humanos y de corazón en su uso”.
Para él, la tensión no reside en la tecnología en sí, sino en la posible pérdida de lo humano: el intercambio, la emoción y la conexión que transforman la música en algo vivo y compartido. La IA provoca vértigo porque interroga la esencia del vínculo entre quienes crean y quienes escuchan, un espacio que Micky ha defendido siempre como central en su forma de hacer música.
La música como acompañamiento
Retomando la idea que abre esta nota, a lo largo de la conversación Micky muestra cómo percibe la música hoy: ya no como la promesa absoluta de cambiar el mundo, aunque esa intuición persista, sino como un espacio de acompañamiento, un lugar donde las personas pueden encontrarse, dialogar y sostenerse incluso en contextos de fragmentación y distancia. La música funciona como un puente, un intercambio silencioso entre quienes crean y quienes escuchan, y su valor se mide menos en técnica que en intensidad y resonancia.
Micky reflexiona: “Para mí lo más importante de la música es vincularse con personas y poder hacer música juntos. Más allá de las cuestiones técnicas, lo que más me rinde es la dimensión humana. Es una experiencia que trasciende los instrumentos: se trata de compartir, de acompañar y ser acompañado”.
Su trayectoria y sus experiencias atraviesan estas palabras. La música, sostiene, sigue siendo una manera de cuidar y generar vínculos: con su banda, con el público, con la memoria de lo vivido. Incluso en la intensidad del escenario y la efervescencia de un aniversario como los 30 años de Pétalos de Sol, la prioridad permanece en lo humano, en la comunión entre todos los que participan del ritual.
El festejo condensa todas estas capas. No es solo un aniversario; es la reafirmación de una forma de entender la música y la cultura, un acto donde la historia y la emoción se entrelazan con el presente.
Y en ese recorrido, la frase que abre esta nota se transforma en una certeza que persiste en el tiempo:
“Alguna vez pensé que la música iba a ser lo único que podía cambiar el mundo… Y aún lo sigo pensando.”
El encuentro de hoy
La celebración por los 30 años de Pétalos de Sol tendrá lugar en la Plaza de la Música (Coronel Olmedo y Costanera) esta noche desde las 22. La grilla de artistas promete un recorrido diverso y único, con la participación de Botellas y Algo Más, Karamelo Santo, Los Peligrosos Gorriones, Juana La Loca, Richard Coleman & TSE, Micky Rodríguez, Autos Robados, Sumo x Pettinato, Cabezones, Resistencia y Santiago Moraes, entre otros.
El mítico bar de boulevard San Juan y la Cañada, que ha dejado una huella indeleble en la escena musical de Córdoba, se traslada esta vez a un espacio más amplio, permitiendo que la comunidad que creció con Pétalos de Sol se encuentre y viva la música como ritual. La celebración no es solo un aniversario, sino la convergencia de memoria, territorio y presente, donde cada artista aporta su interpretación y cada canción se transforma en un archivo vivo de emoción y continuidad artística. Las entradas están disponibles en Eden Entradas.
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