Durante mi niñez, cuando entraba a la habitación de mi abuela Alba (Polo), entre muchas fotografías colgaba una particularmente llamativa. A pesar de mi corta edad, podía distinguir a todos sus protagonistas: de derecha a izquierda, Mario Alberto Kempes, Mónica Cahen D’Anvers, Amelia Polo (viuda de Romano Luis Polo), César Alladio (yerno de Romano Luis Polo y marido de Alba), Adriana Alladio (nieta de Romano Luis Polo) y Alba Amelia Polo (hija mayor de Romano Luis Polo).
La fotografía corresponde a la cena homenaje al bellvillense Mario Kempes, realizada el 13 de julio de 1978 en el Club River Plate de Bell Ville, luego que la selección argentina obtuviera el campeonato mundial de fútbol de ese año. En ella se observa a Mónica Cahen D’Anvers realizando un reportaje a familiares de Polo.
Sin embargo, durante la pandemia encontré una carta firmada por mi abuelo César Alladio, enviada el 4 de abril de 1978, meses antes del Mundial. En ella, se dirigía a Mónica Cahen D’Anvers, conductora del programa televisivo Mónica Presenta, con el propósito de llamar la atención sobre el aporte realizado desde Bell Ville al desarrollo de la pelota de fútbol moderna, un aspecto que consideraba escasamente difundido. En la carta expresaba: “…Para informarla, como hijo de Bell Ville, sobre algo relacionado con el Mundial 78, a lo cual hasta la fecha no se le ha dado ninguna trascendencia, ya sea por falta de información periodística o tal vez porque no se lo crea necesario…”.
La iniciativa no fue casual, Alladio era un hombre que se preocupaba y ocupaba por la ciudad. Había sido presidente de la Comisión de Turismo de Bell Ville y, años después, con el retorno de la democracia, sería designado Director de Turismo, cargo que desempeñó ad honorem.
En otro pasaje de la carta continuaba diciendo: “Lo cierto es que el 11 de marzo de 1931 se inventaba en Bell Ville la pelota de fútbol sin tiento (o pelota de boca invisible)…”, explicándole la trascendencia que aquella creación tenía para el fútbol mundial.
Mónica Presenta
Mónica Cahen D’Anvers había comenzado su carrera periodística el 3 de enero de 1966 en Telenoche, por Canal 13, convirtiéndose al mismo tiempo en la primera mujer en conducir un programa periodístico en la televisión argentina. Su llegada a Bell Ville no era un pedido fácil. Como expresó ella misma en una entrevista publicada en 2016, Mónica Presenta —programa iniciado en 1977— “fue uno de los más vistos de toda la historia de la televisión argentina” y estaba pensado para “mostrar el mundo más que el país”.
Quizás allí también se encuentre una de las razones que explican por qué aceptó viajar a Bell Ville. Mónica Cahen D’Anvers entendía el periodismo como una forma de acercarse a las personas y a sus historias. El oficio, según reconocería años más tarde, le permitió descubrir realidades que hasta entonces desconocía y, al mismo tiempo, “le había cambiado la vida”.
Sin embargo, la periodista terminaría profundamente agradecida por la experiencia vivida en la ciudad, expresándose en un video filmado por un bellvillense el día de la entrevista, en el que dijo “(…) quiero mandarles un saludo muy grande a la gente de Bell Ville. Desgraciadamente he tenido muy poco tiempo para conocerlos porque llegamos muy pocas horas antes de este acto. Pero el recibimiento y la calidez de la gente bien valían la pena los quinientos y pico de kilómetros que hicimos en auto. Gracias. Y hasta muy pronto (…)”. De esta forma, expresaba la satisfacción que le había producido esta experiencia y el esfuerzo que le significó, gracias a lo que el origen de esta innovación alcanzó difusión nacional.
Las mujeres en la trama del invento
Aunque la foto revela un momento importante en la difusión de la creación de la pelota de boca y costura invisible, una entrevista que realicé a mi abuela Alba en 2011, pocos años antes de su fallecimiento, terminó otorgándole un significado mucho más profundo.
Alba Amelia Polo, hija mayor de Romano Luis Polo, desempeñó un papel fundamental en la preservación de la historia familiar vinculada a esta innovación. Tras el fallecimiento de su madre, Amelia, en 1994, quedó como principal custodia de numerosos documentos, fotografías y testimonios familiares relacionados con ella.
Su conocimiento sobre la historia de esta creación no era casual. Como ella misma solía recordar, “estaba todo el día con mi papá haciéndole preguntas”, una cercanía que le permitió conocer de primera mano aspectos que de otro modo se habrían perdido con el paso del tiempo.
A lo largo de los años, compartió ese valioso caudal de información en entrevistas concedidas a medios de comunicación locales y nacionales, entre ellos TyC Sports y ESPN, además de colaborar con investigadores y particulares interesados en el tema. Su aporte resultó decisivo para la reconstrucción histórica del origen de la pelota de boca y costura invisible y contribuyó, entre otras cosas, a que González y Lloret pudieran desarrollar la investigación que plasmaron en 1999 en el libro De Bell Ville al Mundo.
En la entrevista que le realicé, entre otros aspectos, detalló los comienzos de la fabricación de la nueva pelota, específicamente de la pieza más compleja: la cámara. Allí, según recordaba, las mujeres tuvieron una participación muy relevante, algo significativo para una ciudad pequeña de la década de 1930.
En principio, Romano Luis Polo contó con ocho personas para la fabricación: Pascuala Tisera, quien tenía una discapacidad en uno de sus brazos, que le impedía moverlo; Elvira Polidoro, que se desempeñaba como lavandera, trabajo que había afectado gravemente su columna; la esposa de Polo, Amelia; tres cuñadas del inventor, llamadas Alba, Coca y “Quiqui” Polo, las cuales hasta ese momento estaban sin empleo; y además, “Cacho” y “Tito” Domínguez, hermanos entonces adolescentes, que no estudiaban ni trabajaban.
Distinto era el caso del proceso de costura de las pelotas, que se realizaba de manera domiciliaria y alcanzaba una escala mucho mayor. Sobre esta actividad, Alladio señalaba en la nota anteriormente mencionada: “En esta ciudad trabajan en la costura de las pelotas actualmente alrededor de cuatro mil personas, que cosen para casi todo el país”, un número considerable para una ciudad que entonces tenía 26.494 habitantes. Aunque no existen precisiones sobre la cantidad de hombres y mujeres que participaron de esta tarea en cada período, la magnitud que alcanzó permite dimensionar su enorme impacto económico y social en Bell Ville.
El trabajo requería una mano de obra especializada, con destreza manual par realizar tanto el cosido de los cascos de la pelota como su cerramiento. En esta última etapa se introducía la cámara y se efectuaba el cierre total de la pelota. Se trataba de una tarea particularmente compleja, por lo que existían personas especializadas exclusivamente en realizarla.
Durante muchos años, aquella imagen fue apenas una curiosidad familiar. Sin embargo, tuvieron que pasar décadas para que pudiera encontrar las piezas que terminarían dándole verdadero sentido a aquella fotografía.
Porque detrás de esa escena ligada al Mundial de 1978, a Kempes y a la historia de la pelota de fútbol, también se escondía otra historia: la de las mujeres que trabajaron, preservaron la memoria y contribuyeron a difundirla, aunque quedaron fuera del relato histórico.
Autor: César Luis Cabanillas Alladio – Profesor de Historia
Dedicado a su madre, Adriana, parte esencial de esta memoria familiar.
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