BRUSELAS.- La crisis humanitaria que sacude a Europa con la migración volvió a alcanzar ribetes dramáticos con la odisea protagonizada por los barcos “Ocean Viking” y “Open Arms”, que durante el fin de semana volvieron a rescatar náufragos y navegan el mar Mediterráneo sin poder desembarcar en ningún país del viejo continente.
La nave de Médicos Sin Fronteras (MSF) y SOS Mediterráneo rescató ayer a otras 81 personas frente a las costas de Libia, su tercera operación de salvamento en tres días, que eleva a 251 la cifra de rescatados, muy superior al límite de carga del navío (estimado en 200 personas). “El Ocean Viking es un barco de emergencia”, recordó el sábado la responsable de comunicación de MSF a bordo del barco, Hannah Wallace, “y no tenemos la capacidad para atender médica ni psicológicamente a estas personas a bordo de manera prolongada”, destacó. Sin embargo, ningún país europeo se ofreció a abrir sus puertos para desembarcar a las personas rescatadas: “Los gobiernos europeos deben asumir su obligación legal y moral y poner en marcha un mecanismo europeo de respuesta y desembarco seguro que incluya la reubicación en la UE de los rescatados”, añadió Raquel González, responsable de Relaciones Externas de MSF.
Idéntica situación vive el barco humanitario español “Open Arms”, agravada por la cantidad de días que lleva en el mar con 160 náufragos rescatados en el Mediterráneo, tras haber recuperado a otras 39 personas el sábado pasado. Varado cerca de la isla italiana de Lampedusa con 121 migrantes desde hace diez días, el “Open Arms” desató un clamor global por la solidaridad europea, al punto de abrir un nuevo frente legal para la lucha migratoria: pidió formalmente al Alto Comisionado de las Naciones Unidas por su derecho a desembarcar a los migrantes en Europa, saltándose a los gobiernos locales.
Sin embargo, la respuesta europea sigue siendo nula: ayer, el director de la ONG, Oscar Camps, advirtió que “la estabilidad emocional a bordo del Open Arms empieza a ser difícil”. “Si no recibimos respuestas, nos veremos obligados a entrar en puerto por motivos humanitarios” aún sin permiso, advirtió Camps, aunque aclaró que la opción se utilizará “en caso de extrema necesidad” y como última solución.









