En las últimas semanas, distintas escuelas de Córdoba atravesaron situaciones de alarma por amenazas de tiroteos escritas en baños, mensajes re enviados y rumores que circularon rápidamente entre estudiantes, familias y redes sociales. Mientras los medios y las autoridades pusieron el foco en las investigaciones, las imputaciones y los protocolos de seguridad, desde Hoy Día Córdoba queremos escuchar la voz adolescente y saber cómo vivieron esos días quienes tuvieron que seguir entrando al aula en medio de la incertidumbre.
Esta columna se basa en el relato real de una adolescente que atravesó una de las situaciones de inseguridad en su escuela. Sus palabras no buscan explicar el fenómeno ni justificarlo, sino compartir cómo se sintió vivir esos días desde adentro.
Cuando el miedo empezó a sentirse en el ambiente
Fueron dos días bastante raros y confusos.
Yo no tenía tanto miedo porque mis papás me dijeron que el colegio ya había hecho todo lo que podía y que, si alguien realmente fuera a hacer algo así, no lo andaría anunciando.
Igual me costó un poco porque en los grupos del colegio empezaron a mandar audios y capturas que parecían reales, entonces por momentos dudaba mucho.
Con mis amigas empezamos a pensar qué hacer si pasaba de verdad eso.
Lo primero que escuché fue cuando salí al recreo y una de mis amigas vino a contarnos que en el baño del colegio habían escrito una amenaza.
Fuimos a preguntarle a la preceptora, pero nos dijo que ella todavía no sabía nada.
Ahí empezó toda la preocupación y los rumores. Después empezaron a circular audios.
El que más me impactó decía que supuestamente había un grupo con el chico que había hecho algo parecido en Santa Fe y que todos se habían puesto de acuerdo para hacer el tiroteo el mismo día.
Eso nos asustó bastante porque sonaba muy serio y mucha gente lo compartía como si fuera verdad.
Con mis amigas nos lo tomamos un poco con humor, pero también con preocupación.
Hacíamos chistes para no ponernos peor.
Aunque al mismo tiempo imaginábamos qué podía pasar y hablábamos de eso entre nosotras.
Lo raro es que el miedo no apareció solo por la pintada. Empezó a sentirse en el ambiente.
Al otro día fui al colegio sintiéndome insegura.
Lo que más me hizo sentir así fue que los profesores no nos dejaban salir al baño ni ir a buscar agua.
Teníamos que quedarnos todos en el aula hasta la hora del recreo.
Ahí sentí que realmente algo estaba pasando.
Igual los profesores trataron de tranquilizarnos y nos dijeron que estábamos seguros, que si hubiera habido peligro ellos ni siquiera habrían ido al colegio.
Cuando tocó el timbre del almuerzo todo parecía normal.
Pero cuando terminamos de comer y salimos del comedor con mi amiga, vimos a todos mirando hacia el piso de arriba.
Algunos estaban llorando y nosotras no entendíamos qué estaba pasando.
Entonces fuimos a preguntarle a un profesor y nos explicó que había venido la policía a revisar el colegio.
Yo en ese momento estaba más confundida que asustada porque no terminaba de entender bien la situación.
Sí hubo mucha diferencia con los padres.
En mi curso éramos 31 y terminamos siendo solo 13, menos de la mitad. Ahí pensé: “wow, tan serio es que no vengan”. Eso también hacía que una se preocupara más.
El miedo tampoco terminaba al volver a casa.
Con mis amigas buscamos cosas en ChatGPT y también nos empezaron a aparecer videos en TikTok de películas o noticias sobre tiroteos.
Era imposible dejar de pensar en el tema porque todo el tiempo aparecían cosas relacionadas.
Aunque intentara distraerme, seguían apareciendo videos, audios y noticias.
El miedo seguía en el celular, en TikTok, en los grupos, en los videos y en las redes.
Yo sí hablé de todo esto con mis papás para saber qué opinaban y qué pensaban que había que hacer.
En mi caso, ellos me ayudaron bastante porque me transmitieron tranquilidad y me hicieron ver la situación de una forma más lógica.
Creo que el colegio sí tomó medidas, pero nosotros nos enteramos tarde.
Para mí hubiera sido mejor que informaran todo desde el principio y de forma más clara para evitar tanta confusión y miedo entre los estudiantes.
Siento que lo que no ayuda es cuando los adultos no dicen nada o dejan que todo se llene de rumores, porque eso empeora la situación.
Porque cuando nadie explica bien lo que está pasando, los rumores empiezan a ocupar ese lugar.
Creo que los adultos no deberían minimizar lo que circula en redes, porque, aunque muchas cosas no sean reales, igual nos afectan.









