Las fuerzas israelíes continuaban este sábado con operaciones militares en el sur de Líbano, pese al cese al fuego de 10 días que entró en vigor entre el jueves y el viernes tras un anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, según reportes de medios oficiales libaneses.
De acuerdo con la Agencia Nacional de Noticias de Líbano, la artillería israelí atacó zonas del distrito de Nabatieh, mientras que en Marjayoun se registraron demoliciones de viviendas a gran escala en la aldea de Taybeh. En la ciudad de Khiam, las fuerzas israelíes bloquearon completamente los accesos con montículos de tierra, impidiendo el regreso de los residentes, y llevaron adelante nuevas detonaciones.
Autoridades locales denunciaron que Israel está aprovechando la tregua para avanzar con operaciones sobre el terreno. El alcalde de Bayt Lif, Izzat Hammoud, pidió la intervención del Gobierno libanés para frenar la destrucción de viviendas y permitir el retorno de la población desplazada.
En este contexto, el líder de Hezbolá, Naim Qassem, advirtió que el alto el fuego debe implicar un cese total de las hostilidades y sostuvo que el grupo responderá ante cualquier violación. “No hay cese al fuego solo de un lado”, afirmó.
Qassem planteó además una serie de condiciones para sostener la tregua, entre ellas la retirada completa de Israel, la liberación de detenidos y el regreso de los desplazados, así como el inicio de un proceso de reconstrucción con apoyo internacional. No obstante, funcionarios libaneses señalaron que, hasta el momento, Hezbolá se ha abstenido de responder militarmente.
Por su parte, las Fuerzas de Defensa de Israel indicaron que atacaron a milicianos que se aproximaban a la denominada “Línea Amarilla”, límite de la zona de seguridad establecida en el sur del país, y confirmaron la construcción de nuevas posiciones militares cerca de la aldea de Kfarchouba.
La tensión en la región se agravó aún más tras un ataque contra la misión de paz de la ONU en el Líbano (FINUL), en el que murió un efectivo y otros tres resultaron heridos, dos de ellos de gravedad. El incidente ocurrió en la aldea de Ghanduriyah, cuando una patrulla que realizaba tareas de desminado fue emboscada por actores no estatales.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, confirmó la muerte del soldado Florian Montorio y apuntó a la responsabilidad de Hezbolá en el ataque, mientras que el Gobierno francés exigió la detención inmediata de los responsables.
El episodio vuelve a poner en cuestión la fragilidad del alto el fuego impulsado por Estados Unidos y eleva el riesgo de una nueva escalada en la frontera entre Israel y Líbano, en un contexto regional ya marcado por el conflicto con Irán.
Trump acusa a Irán de romper el alto el fuego y lanza una dura advertencia militar










Netanyahu y el mito de los “valores judíos”
Netanyahu —un monstruo genocida, un criminal de guerra prófugo y un hombre sujeto a una orden de arresto internacional por crímenes contra la humanidad— nos habla esta mañana sobre la “tolerancia judía” y los “valores judíos”.
“Como Estado judío, Israel aprecia y defiende los valores judíos de tolerancia y respeto mutuo entre judíos y fieles de todas las religiones”, fueron las palabras exactas del primer ministro.
Permítanme primero aclarar los términos engañosos de Netanyahu. En el judaísmo, la ética es sustituida por la litigación, y los valores son reemplazados por las mitzvot (mandamientos). En ese sentido, la noción de “valor judío” es problemática, vaga o engañosa. Si el valor implica una afirmación consciente y voluntaria de una proposición ética, entonces en el judaísmo la acción moral está prescrita por la ley. Existe, por lo tanto, un argumento válido de que el “valor judío” es en realidad un significante vacío. No se refiere a ninguna sustancia real; más bien, opera como una noción abstracta y contundente que algunos judíos lanzan al aire, sabiendo que nadie (excepto yo) se atrevería a cuestionarlos.
Más específicamente, cuando Netanyahu habla de “tolerancia judía”, está obviamente y de forma burda falseando la realidad. El judaísmo y la tolerancia son prácticamente una contradicción en términos. El judaísmo se adhiere al concepto de Elección, y la Elección es una forma de intolerancia organizada.
Se podría cuestionar esto e insistir en que, para los judíos ortodoxos, el significado de ser elegido es el deber de exhibir un comportamiento moralmente ejemplar: una “luz para las naciones”. Pero incluso si ese fuera el caso —incluso si los judíos fueran efectivamente una luz para las naciones— se puede argumentar que siguen un mandato divino en lugar de adherirse voluntariamente a un “sistema de valores”.
Esta mañana, el hombre que envió a su ejército a reducir Gaza y a su población a polvo y a arrasar cada lugar de culto en el proceso nos dice que “todas las religiones prosperan en nuestra tierra, y consideramos a los miembros de todas las religiones como iguales en la construcción de nuestra sociedad y región”.
Permítame corregirlo, señor Netanyahu. Esta tierra no es suya, y nunca lo ha sido. Si en algún momento hubo la posibilidad de que los judíos vivieran en Palestina en paz y armonía, usted —más que cualquier otra persona en la historia judía— ha hecho de ello una imposibilidad.