Al menos 35 personas murieron y más de 130 resultaron heridas tras el potente terremoto de magnitud 7,8 que golpeó este lunes el sur de Filipinas. El sismo provocó derrumbes, deslizamientos de tierra y alertas de tsunami en varios países de la región.
De acuerdo con el Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología, el sismo se produjo a las 07.37 (hora local) frente a las costas de la isla de Mindanao, la segunda más grande y una de las más pobladas del archipiélago filipino. El epicentro se localizó cerca de la ciudad de General Santos, mientras que distintos organismos de monitoreo situaron la profundidad del movimiento entre 10 y 33 kilómetros.
El terremoto se sintió con fuerza en amplias zonas del sur del país y provocó escenas de pánico entre la población. Numerosos edificios resultaron dañados y se registraron derrumbes parciales en viviendas, comercios y otras estructuras. Imágenes difundidas por medios locales y organismos de emergencia mostraron construcciones reducidas a escombros y carreteras afectadas por desprendimientos de tierra.

La provincia de Sarangani, ubicada a unos 20 kilómetros del epicentro, fue una de las áreas más castigadas. Las autoridades locales informaron que allí murieron 17 personas, muchas de ellas debido a deslizamientos de tierra desencadenados por el fuerte movimiento sísmico. Además, el terremoto provocó cortes temporales en el suministro eléctrico y en las redes de comunicación, servicios que fueron restablecidos progresivamente a lo largo de la jornada.
En General Santos, la ciudad más cercana al epicentro y una de las más importantes de Mindanao, se reportaron 10 fallecidos, mientras que al menos 22 personas permanecían desaparecidas. Equipos de rescate continuaban trabajando entre los escombros y en zonas de difícil acceso para localizar a posibles sobrevivientes.
Tras el terremoto se registraron múltiples réplicas, algunas de ellas de hasta magnitud 6,7, lo que obligó a mantener la alerta en varias localidades. Las autoridades pidieron a la población permanecer en espacios seguros y seguir las indicaciones de los organismos de protección civil ante la posibilidad de nuevos movimientos sísmicos.
El fuerte temblor también activó alertas de tsunami en Filipinas y en otros países de la región, entre ellos Japón e Indonesia. Horas después se detectaron olas de distinta intensidad en varios puntos del Pacífico occidental. Según los reportes oficiales, las olas alcanzaron alturas de entre algunos centímetros y 1,4 metros, aunque finalmente no provocaron daños significativos ni víctimas adicionales.
El presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr., aseguró que el Gobierno nacional coordina las tareas de asistencia, rescate y reconstrucción en las zonas afectadas. Además, ordenó la suspensión de clases en los distritos alcanzados por el desastre, una medida que coincidió con el inicio del ciclo lectivo en varias regiones del país.
«El Gobierno nacional está actuando y no dejaremos atrás a Mindanao«, afirmó el mandatario en un comunicado oficial, al tiempo que instó a los habitantes de las áreas costeras a seguir las recomendaciones de evacuación emitidas por los organismos de emergencia.
Filipinas se encuentra dentro del llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las regiones con mayor actividad sísmica y volcánica del planeta. Debido a su ubicación sobre varias placas tectónicas, el país registra cientos de terremotos cada año. Aunque la mayoría son de baja intensidad, algunos han provocado importantes pérdidas humanas y materiales, como el ocurrido este lunes en Mindanao, considerado uno de los más fuertes registrados en la región en los últimos años.









