Hoy, 5 de mayo, se celebra el Día Internacional de la Celiaquía, una fecha que busca visibilizar una enfermedad crónica que en Argentina afecta a aproximadamente 1 de cada 100 personas, y que aún hoy sigue siendo subdiagnosticada, incomprendida y, para muchos, económicamente incansable.
El Día Internacional de la Celiaquía fue impulsado por la Asociación de Sociedades Celíacas Europeas (AOECS) con el objetivo de generar conciencia sobre esta enfermedad en todo el mundo. En Argentina, la fecha cobra especial relevancia dado el alto consumo histórico de trigo.
Breve historia de la Celiaquía
La celiaquía no es nueva. Su primera descripción data del siglo I d.C., cuando el médico grecorromano Areteo de Capadocia describió con precisión sorprendente un cuadro de diarrea crónica, pérdida de peso y debilitamiento generalizado. Fue él quien acuñó el término koliakos, que en griego significa «aquellos que sufren del intestino», raíz de la palabra «celíacos» que usamos hoy. Areteo también dejó escrito que «el pan es raramente adecuado para proporcionar energía a los niños celíacos», una observación que tardó casi dos milenios en ser completamente comprendida.
Siglos después, en 1888, el médico británico Samuel Gee retomó la descripción clínica y fue el primero en sugerir que la dieta era clave para tratar la enfermedad. Pero el gran salto llegó a mediados del siglo XX, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el pediatra holandés Willem Karel Dicke observó que los niños celíacos mejoraban notablemente cuando la harina de trigo escaseaba en Europa. Al regresar el trigo a las mesas, los síntomas volvían. Dicke demostró así que el gluten era el agente dañino, sentando las bases del único tratamiento existente hasta hoy: la dieta sin gluten.
En 1956 llegaron las primeras biopsias intestinales que confirmaron lo que Dicke intuía: el gluten destruye las vellosidades del intestino delgado en personas con predisposición genética.
¿Qué es exactamente la celiaquía?
La celiaquía es una enfermedad autoinmune, crónica y de base genética. Cuando una persona celíaca consume gluten, conjunto de proteínas presentes en el trigo, la avena, la cebada y el centeno, resumidos en la sigla TACC, su sistema inmunológico reacciona de forma anormal, produciendo anticuerpos que atacan la propia mucosa del intestino delgado.
Esta reacción provoca la atrofia de las vellosidades intestinales, pequeñas proyecciones responsables de absorber los nutrientes. El resultado es una mala absorción que puede afectar proteínas, grasas, hidratos de carbono, vitaminas y minerales, con consecuencias que van mucho más allá del aparato digestivo.
Porque la celiaquía no es solo una intolerancia alimentaria: es una enfermedad sistémica que, sin tratamiento adecuado, puede derivar en cáncer intestinal, osteoporosis, trastornos neurológicos y psiquiátricos, enfermedades cardiovasculares e infertilidad, entre otras complicaciones graves.
¿Se nace celíaco? ¿Cuáles son sus síntomas?
La predisposición genética existe desde el nacimiento, pero la enfermedad puede manifestarse a cualquier edad, tanto en niños como en adultos. De hecho, cada vez es más frecuente el diagnóstico en la adultez.
Los síntomas varían según la etapa de la vida. En los niños se manifiesta típicamente con diarrea crónica, vómitos, distensión abdominal, pérdida de masa muscular, retraso en el crecimiento, irritabilidad y alteraciones en el esmalte dental. En los adolescentes, puede presentarse con dolor abdominal, anemia ferropénica, retraso puberal, cefaleas intensas y baja talla. En los adultos, los síntomas suelen ser más difusos: colon irritable, dolor óseo y articular, infertilidad, abortos recurrentes, depresión, neuropatías periféricas y desnutrición con o sin pérdida de peso visible.
Esta amplia variedad de presentaciones explica por qué la celiaquía se compara frecuentemente con «la punta de un iceberg»: solo una pequeña parte de los casos está diagnosticada, mientras que entre el 85% y el 90% de los celíacos no lo saben.
El diagnóstico se confirma mediante análisis de sangre con marcadores serológicos específicos, principalmente anticuerpos antitransglutaminasa tisular IgA, y biopsia intestinal. Es fundamental realizarlos antes de iniciar cualquier dieta sin gluten, ya que la restricción puede normalizar los valores y dificultar el diagnóstico.
Las condiciones para vivir «normal»
El único tratamiento aceptado y eficaz para la celiaquía es la dieta estricta y de por vida sin TACC. No existe medicación que cure la enfermedad ni que permita consumir gluten sin consecuencias. Una vez iniciada correctamente la dieta, la mejora suele observarse en pocas semanas y las vellosidades intestinales comienzan a recuperarse, aunque este proceso puede llevar años en adultos.
Pero llevar una vida sin gluten implica mucho más que elegir determinados alimentos. Significa leer etiquetas con lupa, conocer el riesgo de contaminación cruzada en cocinas compartidas, negociar en eventos sociales, cumpleaños, reuniones de trabajo y viajes, y confiar en que los establecimientos donde se come comprenden la gravedad de una «pequeña transgresión».
Para el celíaco, un mínimo contacto con gluten puede desencadenar síntomas inmediatos o daños silenciosos sin síntomas aparentes pero igualmente lesivos.
En Argentina, la Ley 26.588 de Enfermedad Celíaca, sancionada en 2009 y actualizada en 2015, establece que restaurantes, bares, medios de transporte e instituciones deben ofrecer opciones sin TACC, y que los productos aptos deben llevar el logo oficial «Sin TACC» en sus envases. Las obras sociales y prepagas están obligadas a cubrir parte del costo de los alimentos especiales.
Córdoba también tiene opciones: dónde merendar y comer sin TACC
Para los celíacos cordobeses, la oferta gastronómica sin TACC ha crecido considerablemente en los últimos años. Según recomendaciones de la cuenta de TikTok @nutriamarte, especializada en nutrición y vida sin gluten, hay varias opciones destacadas en la ciudad:
Luben (sucursal Bv. San Juan) ofrece productos aptos sin TACC, entre ellos sándwiches y grisines que la nutricionista recomienda especialmente. La opción de consumo en el lugar está sujeta a consulta en cada visita.
Antojitos Libre de Gluten es una propuesta completamente dedicada al mundo sin TACC, con opción para consumir en el lugar o llevar. El rogel, esa torta de capas de masa y dulce de leche coronada con merengue, es una de las estrellas de la casa y una prueba de que renunciar al gluten no significa renunciar al placer.
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La Sintaquería se presenta como otro destino recomendado, con posibilidad de consumo en el local o para llevar. Sus facturas, palmeritas y masas de hojaldre sin TACC han generado entusiasmo entre quienes antes creían que esos sabores eran para siempre cosa del pasado.
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Rapanui ofrece toda su cafetería sin TACC, convirtiéndose en un espacio seguro donde el celíaco puede elegir sin preguntar ni dudar. El crumble de manzana es, según @nutriamarte, «mi debilidad».
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El precio de no poder elegir
Hay un dato que no puede obviarse al hablar de celiaquía: comer sin gluten cuesta significativamente más. Un paquete de galletitas sin TACC puede triplicar el precio de su equivalente con gluten. El pan, la pasta, las harinas especiales y los productos de panificación aptos tienen valores que, en muchos casos, quedan fuera del alcance de amplios sectores de la población.
Esta brecha económica convierte a la celiaquía en algo que, paradójicamente, pareciera un estilo de vida de elección en lugar de lo que realmente es: una condición médica que no se eligió, que no tiene cura y que obliga a sus portadores a pagar más caro, todos los días y para siempre, simplemente por comer sin enfermarse.
Ser celíaco no es una moda ni una tendencia. Es una enfermedad autoinmune que el cuerpo trae de fábrica y que la industria alimentaria y las políticas públicas aún no han logrado hacer completamente accesible para todos. En el Día Internacional de la Celiaquía, visibilizar esa deuda pendiente es también parte de la conmemoración.
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